Este va a ser un artículo largo y denso, dirigido claramente a los suscriptores de TravelThink, que me honran con su confianza desde hace 16 años, y no a aquellos que se conforman con picotear noticias superficiales en medios generalistas.

La primera precisión está en su título: Iberoamérica frente a Latinoamérica. Porque el mismo se refiere al ámbito geográfico de los países que son herederos de España y Portugal en el continente americano, desde México a Argentina, siendo la presencia postcolonial francesa, holandesa, británica y estadounidense muy limitada en ese área.

Sólo a los más estultos se les escapa que el Turismo es un motor de crecimiento económico para la mayoría de los países, pero obviamente todo tiene matices. Para entenderlo debemos centrarnos en dos métricas:

  • Cuál es la aportación en valores absolutos del Turismo al PIB del país
  • Cuál es la aportación en porcentaje del Turismo al PIB del país

La primer métrica nos indica cuales son las grandes potencias turísticas mundiales desde una perspectiva económica, y es mucho más precisa que la métrica del número de turistas recibidos, que únicamente muestra la imagen del turismo receptivo. Por su parte, la segunda métrica nos muestra la importancia que tiene el Turismo para la economía del país, lo relevante que es para el mismo. Merece la pena un estudio detallado de las estadísticas recogidas en este informe del World Travel & Tourism Council.

Es evidente que cuanto menor sea el país, más posibilidades tiene de ser más dependiente del turismo, ya que es difícil que cuente con otras industrias relevantes. Es el caso característico de muchas islas del Caribe y de otras geografías. Resulta más complicado que el turismo tenga un peso muy grande cuando la economía del país es también grande, como podemos ver en este gráfico:

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Sin embargo, eso no significa que el sector turístico, en valores absolutos, en algunos de esos países, no sea enorme y claramente mayor que el de otros en el que tiene más peso porcentual, como podemos ver en este gráfico:

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Por lo tanto, aunque nos llenemos la boca al decir que el turismo en España es el que mayor contribución al PIB tiene, sólo superado por México, ello no indica que el tamaño de su industria turística sea también la mayor del mundo. Muy al contrario, es superada en 9 veces por EEUU, en 8 por China, y de forma significativa por Alemania, Japón, Reino Unido, Italia y Francia. Sólo superamos a la India y México en este ranking. Por lo tanto, es evidente que hay una clara capacidad de crecimiento.

En conclusión, un adecuado análisis de la potencialidad de crecimiento de la industria turística en un país debe centrarse en los dos anteriores parámetros, así como en la concurrencia o no de las condiciones imprescindibles para que ese crecimiento se produzca. Entre esas condiciones, es obvio que debemos citar un compromiso de las autoridades en favor del turismo, una verdadera apuesta para hacer crecer el turismo receptivo y el emisor, así como dinamizar el tejido empresarial turístico, apoyando a las pymes y posibilitando que algunas se conviertan en grandes empresas. Obviamente, el apoyo a las que ya son grandes empresas turísticas también es clave.

También es un requisito evidente para el crecimiento de la industria turística de un país el que exista estabilidad y seguridad jurídica en el mismo, que las inversiones, tanto nacionales como extranjeras, sean respetadas en el corto, medio y largo plazo. Es evidente que sería mucho mejor si el país fuera una democracia que respetara los derechos y libertades de sus ciudadanos, pero no es menos cierto que tambień en dictaduras interminables, como es el caso de Cuba, el turismo puede progresar. Sin embargo, en estos casos, indefectiblemente, las riquezas que genera el turismo se quedan fundamentalmente concentradas en la oligarquía dominante, sin llegar a contribuir al crecimiento económico de una clase media, que es la base para que prospere un país. Un caso único es el de China, con un régimen singular que podríamos denominar como “comunitalismo”, que si bien es una dictadura en lo político actúa casi con un modelo capitalista en lo económico, lo que le está permitiendo generar riqueza de forma continuada para gran parte de la población. Otro caso que es punto y aparte es el crecimiento turístico de algunos de los Emiratos Árabes Unidos.

La situación ahora en Iberoamérica es especialmente complicada, dada la deriva comunista bolivariana en la que se encuentran sumidos muchos países. El último de ellos es Perú, en clara oposición a Ecuador, que recientemente se ha librado del socialismo de Correa. Las reacciones de las dos economías durante los días siguientes a las elecciones no pudieron ser más diferentes. Así, tenemos que el ecuatoriano ha sido el bono de deuda pública que más ha mejorado en todo el mundo este 2021, un 28%, lo que demuestra la confianza que ha producido entre los inversores internacionales el nuevo Gobierno, sobre todo tras haber sido capaz de implementar un plan de vacunación en alianza con las empresas privadas que ha supuesto que Ecuador fuera el país del mundo que más personas vacunaba por día, llegando a un 2% de la población; mientras que Perú se mantiene en el 0,5% (España sigue en el entorno del 1%).

Como señala el Profesor Espinosa Goded, el valor del sol, la moneda peruana, con tendencia a la baja desde la primera vuelta de abril, experimentó la mayor caída en un día en siete años cuando Castillo anunció su Gabinete. Ecuador es una economía dolarizada, por lo que no hay tipo de cambio para comparar, pero sí se puede medir en las reservas internacionales, que se han mantenido estables, mientras que en Perú, desde la victoria de Castillo, ha habido una salida de 16.000 millones de dólares.

Aunque estos sean los cambios de las últimas semanas, paradójicamente estos dos países vecinos han seguido modelos completamente opuestos en los últimos años. Ecuador lleva bajo el socialismo del siglo XXI desde el ascenso de Rafael Correa, en 2007, mientras que en Perú había un cierto capitalismo mercantilista desde el Fujimorismo de los 90. Ambos carecen de instituciones fuertes, pero mientras que en Ecuador se afianzó un modelo presidencialista con la figura de Rafael Correa como el eje central de la política en estos 15 años, en Perú se han turnado en ese mismo periodo siete presidentes, todos con problemas en el Congreso y en los tribunales de justicia.

En el índice Hacer Negocios, Ecuador está ahora en el puesto 129, y ha llegado a estar en el 139 (en 2014), mientras que Perú está en el puesto 76 pero alcanzó el 35 (en 2015). Esta facilidad para atraer capital y generar empleo ha provocado que desde el año 2010 Perú supere a Ecuador en PIB per cápita, 7.027 dólares frente a 6.222 en 2019, una diferencia que podría parecer pequeña pero que no lo es en absoluto –un 13%–, sobre todo para los que, partiendo desde más abajo, han visto mejorar más su calidad de vida.

Muy importante: el modelo de crecimiento de Perú se ha basado en la inversión y la empresa privados, mientras que el de Ecuador ha dependido del gasto público. Así, mientras que Perú apenas tiene un 27% de deuda pública sobre el PIB, en Ecuador esa cifra es más del doble, lo que lastra su crecimiento. Veremos cómo evolucionan ambos en los siguientes meses. Desde luego los que como yo, fuimos testigos directos del terrorismo de Sendero Luminoso, no somos muy optimistas.

Resulta evidente que Iberoamérica tiene un problema ancestral de corrupción, que nada tiene que ver con la colonización española y portuguesa, que es la supuesta fuente de todos los males para la caterva de demagogos que gobiernan en muchos de esos países, mantra alentado por la “izquierda iletrada” europea y estadounidense, absolutamente mononeuronal en este tema. Hace 200 años como media que los españoles y portugueses no tenemos control político de esos territorios (excepto Cuba y Puerto Rico, 103 años), por lo que el origen del problema hay que buscarlo en los propios países. Nada que ver con el concepto de colonización parasitaria de otras potencias europeas, como Países Bajos, que no soltó Surinam hasta 1975; de Francia, que aún mantiene en América el control de Guadalupe, Guayana Francesa, Martinica, San Martín, San Bartolomé y San Pedro y Miguelón; de Reino Unido, que soltó Belice en 1981, Bahamas en 1973, Barbados en 1966  y Jamaica en 1962 y que mantiene Anguila, Bermudas, Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, y Montserrat; o de Estados Unidos, que controla las Islas Vírgenes y Puerto Rico.

Desgraciadamente, esa terrible corrupción, que alcanza a todo el espectro político, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, ha impedido un crecimiento sostenido de los países y ha servido de justificación para los movimientos más populistas, así como para golpes militares de funestos salvapatrias. Es decir, el peor de los escenarios posibles. Obviamente, cuando además quienes gobiernan el país son socialcomunistas bolivarianos, la situación es aún más dramática porque se genera mucha menos riqueza en el territorio, y tras el expolio de la casta dirigente queda muy poco para repartir.

Esta situación ha venido a complicarse como nadie hubiera podido imaginar con el virus chino, con la pandemia del COVID-19, ya que la gestión del mismo en la mayor parte de Iberoamérica ha sido pésima. En la mayor parte de Iberoamérica una infraestructura sanitaria deficiente y una errónea aproximación a Beijing y Moscú para utilizar unas vacunas que se han demostrado de peor calidad, en el caso de las chinas, para proteger de la enfermedad; o que plantean graves problemas de suministro, como la rusa Sputnik  (millones de personas que han recibido la primera dosis de la Sputnik V no están pudiendo completar su inmunización por la falta de segundas dosis, que se han fabricado a una escala mucho menor que la primera, con componentes diferentes), han llevado a que en la actualidad no se pueda decir que el COVID-19 está controlado en la región. Y lo que es peor, no parece que eso vaya a suceder en el primer semestre de 2022.

Todo ello afecta al turismo, especialmente al receptivo, que necesita seguridad a la hora de elegir sus destino. Hay excepciones destacadas, como República Dominicana, Costa Rica o Cancún-Riviera Maya, en los que la iniciativa privada ha sido clave para lograr altas tasas de vacunados y devolver en parte la confianza a los viajeros. Pero no es un empeño sencillo, especialmente en un país tan complejo como México, en el que su esperpéntico Presidente no le da importancia a que la Autoridad Aérea de Estados Unidos haya degradado a México a nivel 2; a que el Sargazo siga campando a sus anchas por las principales playas; y que no para de criticar al CPTM y a todo lo que signifique la industria turística. Únicamente parece interesarse por la Riviera Nayarit, que no deja de ser un destino del Pacífico.

Durante estos años muchas empresas extranjeras han entrado en estos países, especialmente centradas en el ámbito de las materias primas y su distribución así como en el de las telecomunicaciones y el turismo, y la mayor parte de ellas han salido escaldadas. Así lo acredita el incontable número de arbitrajes internacionales que se han producido y que se seguirán produciendo.

La prepotencia de venir de mercados desarrollados como Norteamérica o Europa les hizo creer a las empresas extranjeras que podrían dominar fácilmente en los diferentes mercados iberoamericanos, sin darse cuenta de que cada uno de ellos es totalmente diferente al resto y que en realidad desde un punto de vista empresarial tiene poco sentido hablar de Iberoamérica o de Latinoamérica, ya que hay que desarrollar una estrategia específica por cada uno de los países.

Por lo tanto, es evidente que hay que seguir apostando por Iberoamérica pero sabiendo que desde la perspectiva de un inversor extranjero es absolutamente fundamental tener un conocimiento exhaustivo del mercado y de la industria en la que se planea hacer la inversión, contando para ello con asesoramiento tanto de nacionales del país como de expertos internacionales con experiencia en el mismo. Tan solo así será posible poner todo en contexto, tener la suficiente visión global y evitar ponerse nervioso en el corto plazo. Como siempre he dicho, quienes apuestan contra el turismo, se equivocan de pleno; pero no es menos cierto que hay que saber separar la paja del heno y elegir las oportunidades correctas, alejadas del continuo ruido de fondo.