El mercado de SPAC se ha enfriado considerablemente en las últimas semanas, con empresas que cotizaron en bolsa al fusionarse con una blank-check entity negociando muy por encima de sus máximos, y un número creciente de obstáculos regulatorios emergentes para una estrategia de inversión que ha dominado los titulares de las noticias financieras en 2020.

A principios de esta semana, la SEC anunció que varios SPAC clasificaron erróneamente los warrants vendidos en las IPOs como capital en lugar de como pasivo, lo que es la última señal de que el nuevo presidente de la SEC y crítico de Wall Street, Gary Gensler, planea vigilar la que se ha convertido una de las estrategias de inversión favoritas de la industria.

Los Private Equity (PE) han desempeñado un papel protagonista en el frenesí de las SPACs, alabando las ventajas de poder eludir el laborioso y costoso proceso de salida a bolsa y evitar el problema de encontrar nuevos compradores para las empresas de su cartera. Pero los SPAC también han amenazado el delflow de los PE, con múltiples postores que han elevado los precios de los activos. Los Limited Partners también han planteado preguntas sobre posibles conflictos de intereses cuando las firmas de capital privado optan por patrocinar sus propios SPAC, en lugar de utilizar sus fondos para respaldar esas adquisiciones, y han expresado su preocupación de que sus fees de gestión se destinen a pagar los salarios del equipo de adquisiciones

En conclusión, en mi humilde opinión, los PE debieran ser muy cautelosos con la estrategia de SPACs, ya que su opacidad y en ciertos casos prácticas incorrectas, pueden dañar seriamente su reputanción frente a los inversores; los Reguladores no se van a quedar de brazos cruzados y van a implementar normativas más estrictas para controlar las SPACs; y una reducción del número de SPACs mejoraría y abarataria el dealflow de los PE.