TNMT ha abordado uno de los asesinos silenciosos de la innovación en la industria aérea: la fuerte caída del gasto en TI en los últimos años.
En 2024 el gasto total en TI de las aerolíneas alcanzço aproximadamente 39 mil millones de dólares, una asombrosa disminución del 21 % con respecto a los 50 mil millones de dólares gastados en 2019. En términos relativos, la inversión en TI como proporción de los ingresos totales ha caído desde un ya bajo 5% antes de la pandemia a alrededor del 4% en la actualidad. Esta tendencia plantea una pregunta urgente:
¿Pueden las aerolíneas afrontar los desafíos de las demandas de la tecnología moderna cuando sus presupuestos tecnológicos en realidad se están reduciendo?
Alerta de spoiler: no pueden. Y las grietas se ven por todas partes.
Desde niveles récord de insatisfacción de los clientes, impulsada por operaciones de vuelo inestables y, a menudo, malas experiencias de reserva, hasta fallos recurrentes de TI durante los períodos pico de viajes, está claro que la industria está luchando para manejar las demandas de los clientes y las complejidades operativas de hoy con herramientas y tecnología obsoletas.
Por lo tanto, es imprescindible un replanteamiento total del gasto en TI en la aviación, que significa entender que los presupuestos de TI sólidos son fundamentales no sólo para mantener las luces encendidas sino también para impulsar el crecimiento; que revertir esta tendencia no es sólo un “teatro de innovación” sino una obligación para la supervivencia de las aerolíneas en la era digital; y que los aeropuertos están invirtiendo mucho más que las aerolíneas.
Durante demasiado tiempo, la mayoría de las aerolíneas han dejado de priorizar la necesidad estratégica de modernizar sus sistemas de TI heredados, lo que ha provocado perturbaciones dramáticas en los últimos años, exponiendo las debilidades críticas de las infraestructuras tecnológicas obsoletas.
Las consecuencias de esta negligencia fueron dolorosamente evidentes en diciembre de 2022, cuando Southwest Airlines enfrentó una grave interrupción en la programación de la tripulación. Coincidiendo con una tormenta invernal, la crisis desbordó los obsoletos sistemas de gestión de tripulación de la aerolínea, que carecían de automatización y dependían en gran medida de procesos manuales. ¿El resultado? Casi 17.000 vuelos fueron cancelados durante la temporada alta de vacaciones, lo que sumió en el caos los planes de millones de viajeros.
Delta Air Lines ofrece otra advertencia. Una actualización de software defectuosa de CrowdStrike en 2023 interrumpió los sistemas de Delta, lo que provocó más de 7.000 cancelaciones de vuelos y dejó varados a 1,3 millones de pasajeros durante cinco días. Si bien la aerolínea atribuyó la falla a CrowdStrike, la firma de ciberseguridad destacó la infraestructura de TI obsoleta de Delta como la causa principal que amplificó el impacto del incidente. El caos resultante le costó a Delta aproximadamente $500 millones de dólares, un costoso recordatorio de los riesgos asociados con los sistemas de TI obsoletos.
Estos incidentes subrayan una verdad fundamental: los sistemas de TI obsoletos no son sólo un problema tecnológico; son un riesgo operativo. Sin embargo, el gasto en TI va mucho más allá del mantenimiento de la columna vertebral operativa de las aerolíneas. Para demostrarlo, debemos comparar la idea errónea de larga data de que las inversiones en TI son principalmente costos que deben recortarse, una mentalidad que se refleja con frecuencia en las salas de juntas de las aerolíneas. Esta visión estrecha pasa por alto el panorama más amplio.
Las investigaciones demuestran consistentemente que priorizar la transformación de TI no es simplemente una necesidad operativa sino un poderoso motor de crecimiento financiero y ventaja competitiva. Tomemos como ejemplo la banca. Una investigación de Harvard y McKinsey reveló que entre 2018 y 2022, los líderes digitales en banca lograron un retorno total anual promedio para los accionistas del 8,1%, en comparación con solo el 4,9% de sus contrapartes menos maduras digitalmente. Además, estos líderes digitales obtuvieron retornos sobre el capital tangible (ROTE) antes de impuestos significativamente mayores, aumentando del 15,5% al 19,3%, mientras que los rezagados lograron solo un modesto aumento del 13,6% al 15,3%.
Si bien no existe un nivel universalmente “óptimo” de inversión en tecnología, asignar entre el 6% y el 8% de los ingresos debería servir como objetivo a corto plazo para las aerolíneas impulsadas por la innovación. Southwest Airlines, por ejemplo, aprendió por las malas y asignó 1.700 millones de dólares (6,2 % de los ingresos) a TI en 2024. Este creciente compromiso demuestra que algunas aerolíneas están comenzando a reconocer el papel fundamental de la tecnología para preparar sus operaciones para el futuro y mejorar la experiencia del cliente.