España es el país de la OCDE, junto con Italia, con peor nivel en lectura y matemáticas. Españoles e italianos obtienen las peores notas de la OCDE por no entender el gráfico del recibo de la luz o no comprender textos densos como El Quijote. Éstas son las principales conclusiones del Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de los adultos (PIAAC, por sus siglas en inglés), realizado por primera vez por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En él se evalúa el rendimiento lector y matemático de los adultos y han participado 157.000 personas de 23 países de entre 16 a 65 años, entre ellas 6.055 españoles (un 14% de ellos, inmigrantes). El estudio examinó las competencias de cálculo y lectoras mediante un un examen estándar que dura aproximadamente una hora y cuyos resultados se recogieron entre el 1 de septiembre de 2011 y el 1 de mayo de 2012. Mientras Japón y Finlandia ocupan las primeras posiciones en comprensión lectora (296 y 288 puntos, respectivamente) y en matemáticas (288 y 282), España alcanza 252 puntos en la primera de las habilidades y 246 en la segunda, con lo que se sitúa en penúltima y última posición (ver gráfico).

Los adultos españoles, los que peores notas sacan de la OCDE en lectura y matemáticas

 

Un español puede realizar con soltura tareas fáciles, de nivel 2, de la escala de comprensión lectora: entender textos densos como prospectos de medicamentos o manejar textos digitales, como periódicos ‘on line’.

En cuanto a las matemáticas, España obtiene 246 puntos: 23 por debajo del promedio de la OCDE y 22 por debajo del promedio de la UE, con lo que se sitúa en la última posición dentro de las naciones examinadas. De nuevo, los adultos españoles se quedan en promedio en el nivel 2, que equivale a realizar cálculos matemáticos sencillos, «pero no entienden el gráfico del recibo del gasto de la luz, ni saben comparar precios de hoteles ni son capaces de encadenar cálculos aritméticos de forma correcta para hallar el precio final de la compra», señala el informe.

En promedio, un adulto en España puede realizar con soltura tareas de nivel 2 de la escala de matemáticas pero tiene problemas para extraer información matemática de situaciones reales, tales como comparar paquetes de ofertas turísticas, resolver problemas de varios pasos (gestionar presupuestos, cuenta de la compra con oferta variadas 3×2) o interpretar estadísticas como las gráficas del recibo de la luz, entre otras).

Más allá de la tristeza que como español suponen esas datos, los mismos deben obligar a los responsables de marketing a plantearse muy seriamente una cuestión: ¿Hay que analfabetizar las comunicaciones comerciales?

Si el informe deja claro que una parte importante de los españoles es incapaz de entender comparaciones de precios de hoteles o de hacer cálculos sencillos para presupuestos, descuentos, promociones, etc.., cobran aún menos sentido las «rancias» páginas de publicidad de viajes que aparecen en los periódicos, con una sucesión infinita de precios por temporadas; y, en general, comunicaciones comerciales complejas en contenido y estructura. Y cuando digo complejas, me refiero superiores al nivel 2.

Por lo tanto, si siempre ha sido obvio que una comunicación adecuada tiene como premisa clave adaptar el mensaje, en el canal adecuado, al destinatario concreto, es evidente que las empresas turísticas deben tener muy claro cuales son los segmentos de clientes y potenciales clientes a los que se dirigen y adaptar drásticamente su comunicación a cada uno de ellos. Aunque en algunos casos ello suponga optar por redacciones y maquetaciones excesivamente simplonas desde el punto de vista de los profesionales del marketing y la comunicación.

Como siempre, no hay mejor medio para extraer conclusiones que realizar múltiples pruebas y analizar resultados, como hacen ya la mejores empresas, especialmente en el ámbito digital. Lo que ahora quizás debieran plantearse, si su producto está dirigido a un público masivo, es ajustarse en sus comunicaciones a las desoladoras conclusiones del informe PIAAC.

Más información sobre las conclusiones del PIAAC

Unos resultados globalmente negativos para nuestro país, que no han dejado impasibles a la OCDE ni a la UE y de los que se hace eco The Wall Street Journal calificándolos de «reprobadores». «Si se mide la Educación en España en función de sus estadísticas de universitarios, no parece tener malos resultados», señala WSJ, citando declaraciones de Andreas Schleicher, de la OCDE. «Pero esos resultados no reflejan la verdad. Son las escasas habilidades de base

[que se manifiestan en el estudio] las que limitan las posibilidades que tiene España para crecer».

La población española entre 16 y 65 años obtiene en el PISA 21 puntos por debajo del promedio de la OCDE y 19 puntos por debajo del promedio de la Unión Europea (UE), unos «márgenes significativos», recalca el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. La OCDE destaca en relación con los resultados del estudio que los individuos con menor cualificación, además, «son los más susceptibles de encontrarse sin empleo». El PIAAC da cuenta de cómo han evolucionado las competencias lingüísticas y numéricas de los españoles nacidos entre 1947 y 1996, ya que ha evaluado a los que estudiaron en el periodo comprendido entre 1956 y 2000.

En esta segunda mitad del siglo XX han estado vigentes la Ley General de Educación, de 1970, y la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), de 1990, en sustancia vigente pese a los retoques que llegaron con la Ley Orgánica de Educación (LOE) en 2006. Las aventuras de Don Quijote, difíciles para los españoles En España, un adulto medio puede realizar con soltura tareas lectoras de nivel 2 de los seis que hay, entre los que 1 es el peor y 5, el mejor. «Eso implica que le cuesta mucho extraer conclusiones de una lectura y se pierde en un texto de cierta profundidad y riqueza como puede ser El Quijote», reza el informe del PIACC para España.

Un español puede realizar con soltura tareas fáciles, de nivel 2, de la escala de comprensión lectora: entender textos densos como prospectos de medicamentos o manejar textos digitales, como periódicos ‘on line’.

Problemas para comparar precios de hoteles o interpretar el recibo de la luz En cuanto a las matemáticas, España obtiene 246 puntos: 23 por debajo del promedio de la OCDE y 22 por debajo del promedio de la UE, con lo que se sitúa en la última posición dentro de las naciones examinadas.

De nuevo, los adultos españoles se quedan en promedio en el nivel 2, que equivale a realizar cálculos matemáticos sencillos, «pero no entienden el gráfico del recibo del gasto de la luz, ni saben comparar precios de hoteles ni son capaces de encadenar cálculos aritméticos de forma correcta para hallar el precio final de la compra», señala el informe. En promedio, un adulto en España puede realizar con soltura tareas de nivel 2 de la escala de matemáticas: problemas para extraer información matemática de situaciones reales, tales como comparar paquetes de ofertas turísticas, resolver problemas de varios pasos (gestionar presupuestos, cuenta de la compra con oferta variadas 3×2) o interpretar estadísticas como las gráficas del recibo de la luz, entre otras). Estos resultados sitúan a España en unas «posiciones rezagadas», señala el Ministerio a cargo de José Ignacio Wert.

El porcentaje de población en los niveles excelentes en España es apenas del 5%, en comparación con el 12% de la media alcanzada por la OCDE y la UE. Del estudio se desprende, además, que «hay seis países donde las personas que titularon en Bachillerato/FP de Grado Medio tienen más competencias matemáticas que los españoles con titulo superior (Universidad/FP de Grado Superior)».

La tasa de paro para los españoles con competencias matemáticas en los niveles menos 1 y 1 es de más de tres veces (28,0%) que la de los que tienen competencias en los niveles 4 y 5 (8,4%). «El salario de los primeros es inferior a la mitad de los segundos». De los resultados del estudio, además, se desprende que «el joven español medio se sitúa aún rezagado con respecto a la OCDE, con lo que tiene menos opciones de competir por los puestos de trabajo en un mundo cada vez más globalizado», señala Educación en un comunicado. No obstante, respecto al porcentaje de población de entre 30 y 34 años que ha completado estudios terciarios, España alcanza un 40%, con lo que ya supera el objetivo estratégico de la UE para 2020, y se sitúa por encima tanto de la media europea (35,8%) como de la OCDE (39,1%). La investigación destaca que España es, detrás de Corea, el país donde más ha evolucionado el nivel educativo de la población, ya que partía de unos niveles muy inferiores a otros.

También destaca que el impacto de la población inmigrante en el nivel educativo, que aunque obtiene una puntuación peor que la de los autóctonos, presenta una brecha menor que en el resto de la OCDE. La puntuación media obtenida por los nativos es significativamente superior a la obtenida por los inmigrantes tanto en comprensión lectora como en matemáticas, pero «las diferencias son inferiores a las del promedio de los países de la OCDE y de la UE, a pesar de contar con una población inmigrante mayor». El motivo es que la mayoría de los inmigrantes hablan español, por lo que hay la barrera lingüística. La formación continua, imprescindible La OCDE advierte también, a la luz de los resultados, del retraso que varias grandes economías sufren en la formación de sus adultos, entre ellas, España, y advierte de que puede impedir la reducción del desempleo y la recuperación de la actividad económica. Por ello, recomienda concretamente a Inglaterra e Irlanda del Norte, Canadá, España, Estados Unidos, Irlanda e Italia que proporcionen más oportunidades de formación continua en el lugar de trabajo. László Andor, Comisario de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, ha pedido que se prioricen la financiación de la educación y las reformas laborales, a la luz de los resultados del estudio. El mandatario insta en un comunicado a los Estados miembros «a que hagan un mayor uso del Fondo Social Europeo para invertir en competencias y en formación, tanto para los jóvenes desempleados como para el aprendizaje permanente de los trabajadores de mayor o mediana edad». «No se puede aceptar que una quinta parte de la población no tenga más que bajos niveles de capacidades. Tenemos que resolver este problema. Y para ello no hay atajos. A nivel nacional y de la UE, tenemos que invertir con más eficacia en la mejora de la educación y la formación».