España destaca, por desgracia, como uno de lo países que peor ha gestionado la pandemia, con uno de los ratios reales más altos de muertos por millón de habitantes. Pero parece que no hemos aprendido de nuestros errores y se ha implementado un protocolo en relación a los turistas que resulta claramente insuficiente.

Desde la industria turística se pedía hace meses que se definieran las medidas adecuadas para cuando se reabrieran las fronteras. Obviamente, una vez más ha sido desoída porque a partir del 21 de junio no encontramos con que no hay países de origen vetados; y que a los viajeros simplemente se les pide que rellenen un formulario en llegada, se les toma la temperatura y se les echa un vistazo a ver qué aspecto tienen.

El gran problema es que por otro lado se baraja que se cerrarán las fronteras de nuevo si hay más de 50 nuevas infecciones de coronavirus por 100.000 habitantes en una semana. Por lo tanto, unas medidas de control insuficientes en las fronteras -especialmente en los aeropuertos- conllevan el enorme riesgo de elevar las cifras de infecciones hasta esa cifra y que se cierren de nuevo las fronteras, con el terrible impacto que eso tendría para el sector turístico, ya muy afectado.

Hasta que tengamos una vacuna contra el COVID19 -lo que parece que con suerte pudiere suceder en enero próximo- y exijamos a todos los viajeros que vengan a España la vacunación -a pesar de lo que digan los conspiranoicos de los antivacunas- es imprescindible que exijamos el control en origen de los viajeros, es decir, en sus propios países. Al igual que las compañías aéreas exigen el ESTA o un visado cuando el destino es Estados Unidos, ahora España debe exigir un PCR, Serología o test alternativo válido, realizado con anterioridad a la fecha del viaje, como requisito imprescindible para obtener la tarjeta de embarque. Esta lógica saca la problemática de los tests fuera de los aeropuertos para que sea gestionada por los sistemas sanitarios públicos y privados de cada uno de los países emisores. Y si España quiere apoyar en la realización de esos test a viajeros hacia España, nada mejor que utilizar parte del presupuesto de Turespaña para llegar a acuerdos con grandes aseguradoras y grupos hospitalarios en Alemania, Reino Unido y Francia para sufragar una parte de los costes de los tests, siempre que sea para clientes viajando a España. De este manera, además de limitar los riesgos de grandes rebrotes, se generaría un impacto de imagen muy positivo de España como un destino seguro, en el que la gran mayoría de los viajeros están libres del coronavirus. Si a eso sumáramos una app de seguimiento, la tranquilidad sería muy grande, pero parece que a eso también llega tarde España.

Huelga decir que ese control no solo debe aplicarse en los aeropuertos sino también en puertos y fronteras terrestres. Y que operaciones como el Paso del Estrecho, de momento suspendida por Marruecos para 2020, deben ser postergadas por España hasta que se pueda garantizar que ninguna de las personas que quiera atravesar España está contagiada.

Es muy importante que no cometamos de nuevo el error de que la imprevisión y la laxitud en las acciones preventivas nos fuercen después a tomar medidas draconianas, que tienen un nefasto impacto en la economía.