No voy a entrar a valorar el papel clave que ha jugado el Rey Juan Carlos I, como Jefe del Estado, en el éxito de la Transición, superadora del cainisimo y del frentismo guerracivilista que ahora desgraciadamente los radicales y populistas están haciendo resurgir en España. Sólo quiero decir que sería totalmente injusto que desde la industria turística no le reconociéramos su permanente apoyo al Turismo y su especial sensibilidad para con el mismo, en un país en el que ningún Gobierno democrático se ha dignado tener un Ministro sólo de Turismo.

No hay más que revisar los archivos para ver cuantas veces el Rey -o los Reyes- han inaugurado FITUR, apoyando con su presencia un evento que se ha convertido en una referencia mundial. Tampoco hace falta tener mucha memoria para recordar el impacto tan positivo que ha tenido, para Mallorca, Baqueira u otras zonas de España, en su condición de destinos turísticos, que los haya elegido para sus vacaciones y sus actividades deportivas, especialmente las naúticas.

Tampoco hay que ser un lince del Marketing & PR para entender que los viajes oficiales del Rey han sido valiosísimos para comunicar a nuestros potenciales visitantes que España había iniciado un camino imparable para convertirse en una democracia plena, en una monarquía parlamentaria moderna. Sus múltiples viajes oficiales a EEUU, Alemania, Francia o Italia son un gran ejemplo, como lo es también el especial viaje oficial a Reino Unido de 1986, un año clave para España.

Por otra parte, el Rey emérito siempre ha demostrado una especial cercanía con las empresas turísticas españolas, interesado en el éxito internacional de las mismas, al ser embajadoras del buen hacer de España en el mundo. Me viene a la mente una anecdota que me contó mi padre y maestro, el Prof. Dr. Julio Gonzalez-Soria, de su época como Delegado de Iberia en Reino Unido, allá por 1970. En ese momento, a pesar de que Iberia tenía una operación muy importante en Heathrow, no tenía mostradores propios y mi padre consiguió revertir la situación con la Autoridad Aeroportuaria, pero ello supuso presiones en contra de Iberia que llevaron incluso a que se cerrara el aeropuerto hasta que no se garantizara la normal operación de Iberia, con sus propios mostradores. Juan Carlos I, en ese momento todavía Príncipe, que viajaba con cierta frecuencia a Londres, ante esta situación complicada le mostró a mi padre su apoyo por su “machada” y su satisfacción porque Iberia pudiera tener la presencia que se merecía en Heathrow.

En definitiva, !Muchas Gracias por haber creído en el Turismo español y haberlo apoyado durante tantos años!